El pasado 20 de octubre salimos al campo en una convocatoria conjunta de nuestra asociación y la Asociación Territorios Vivos, con la que colaboramos habitualmente.

El día amaneció claro y luminoso, con el viento en calma y una temperatura que pasó en poco tiempo de la heladora madrugada a un más que tibio sol de otoño. Se inició la excursión con la visita a las Salinas de Imón en compañía de expertos salineros de Aragón y Portugal, así como de otros amigos de latitudes más cercanas. La empresa propietaria de las salinas se encontraba haciendo limpieza de balsas y pozos, por lo que se pudo ver mucha de la sal que en esta época normalmente estaría acumulada debajo de agua o sedimento, de modo que la salina aparecía con un esplendor similar al que debía tener en sus últimos años de operación. No así los edificios, que se encuentran en mal estado y sólo fue posible verlos desde el exterior. Jesús Carrasco, secretario de la Asociación de Amigos de las Salinas de Interior, explicó la historia y el funcionamiento de las salinas y Katia Hueso, "territoriana" y presidente de los amigos salineros, hizo lo propio sobre el ecosistema salado y los animales y plantas que lo pueblan. Todo ello facilitó enormemente la interpretación de este paisaje cultural complejo y extraordinario, a decir de nuestros acompañantes.

La visita continuó con un paseo por el fondo del cañón del río Salado, donde los abundantes buitres ya empezaban tímidamente a coger corrientes de ladera y ofrecernos tan bello espectáculo. El valle presentaba una vegetación de ribera en pleno esplendor otoñal, junto a juncos y carrizos que ocultaban el cauce de tan original río. Con el apetito ya bien abierto, el restaurante La Cañada, castellano recio, nos ofreció un excelente guiso de cabrito, junto con otras especialidades locales como las migas o el queso con miel. Y nada mejor que bajar el ágape con un paseo por las empinadas calles de Sigüenza, con parada en la Catedral, donde se encuentran referencias al diezmo de la sal, y el Castillo, hoy uno de los Paradores más populares de la red.

Ya de regreso, se hizo una breve parada en el mirador de Félix Rodríguez de la Fuente, que nos ofrecía un fabuloso panorama a nuestros pies de los álamos y chopos, flamígeros entonces, que, en el fondo del cañón, flanquean el río Dulce. Y con esta sensación en la boca nos despedimos y regresamos a casa...
2 comentarios:
Hola!
Ayer, de paso, me detuve ante la salina de Imón. Se despertó mi curiosidad acerca de los procesos geológicos que resultan en la existencia de un río salado en medio de los páramos ¿cuáles son? ¿en todos los casos se originan igual?
Saludos,
Mariano
Mallorca
Muchas gracias por tu comentario y tu interés en el tema. La existencia de agua salada, en unas tierras como las que menciona, tiene su origen en filtraciones de agua dulce procedentes del subsuelo. En su camino atraviesan capas de sal o terrenos muy cargados de sales. Estos depósitos salinos proceden de la evaporación de antiguos mares. En el caso de Imón se trata del llamado Mar de Tethys, que cubrió gran parte de la Península Ibérica hace 200 millones de años.
De todas formas muchos de los ríos que tienen el nombre de Salado no lo son tanto. O, por lo menos, no lo suficiente como para poder obtener sal de una manera significativa. La mayoría de estos ríos son, como mucho, salobres y la más alta concentración de sales se daba tras pasar por las salinas, y no antes, porque era al río donde iban a parar las “aguas madres” tras la obtención del cloruro sódico. Así pues el nombre era más la consecuencia de las salinas que jalonaban sus valles y no la razón de que esas instalaciones se hubieran levantado allí.
Esperamos haber resuelt tu duda. Saludos salados, Asoc. Amigos de las Salinas de Interior
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