Desde hace tiempo, la sal ha sido el gran demonio de hipertensos y enfermos cardiovasculares. Sin embargo, la razón de está declaración de guerra no está del todo probada, pues regularmente aparecen estudios que refutan esta mala prensa. Ejemplo de ello son dos recientes artículos que cuestionan la restricción de su consumo en pro de reducir la tensión arterial y así disminuir también el riesgo cardiovascular. El primero se publicó el pasado mayo en la revista 'The Journal of American Medical Association' (JAMA). Se hacía eco de un trabajo liderado por Jan Staessen, de la Universidad de Leuven (Bélgica), cuyas conclusiones principales fueron que con el tiempo el consumo elevado de sal produce un efecto pequeño sobre la tensión arterial sistólica, pero no en la diastólica. El segundo hallazgo fue que los pequeños cambios en la presión arterial que vemos con el cambio de la ingesta no se traducen en una mayor incidencia de hipertensión. Y la tercera conclusión, era que el consumo bajo de sal se asocia con mayor mortalidad cardiovascular". En el otro artículo, firmado por Rod Taylor, de la Universidad Exeter (Reino Unido), en la revista 'American Journal of Hypertension', se analizaron siete estudios que concluían que no había “pruebas sólidas que demuestren que la ingesta reducida de sal disminuya los ataques al corazón o los infartos cerebrales". En cualquier caso, Mario Ávila, cardiólogo especializado en hipertensión del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, recuerda que la cantidad aconsejada "es de 3,6 gramos diarios. En España, el uso está entre tres y ocho gramos al día. No se trata de dejar de tomar sal, porque dosis muy bajas pueden ser perjudiciales, si no tomarla en su justa medida".28/07/11
Las maldades de la sal sobre la salud, cuestionadas de nuevo
Desde hace tiempo, la sal ha sido el gran demonio de hipertensos y enfermos cardiovasculares. Sin embargo, la razón de está declaración de guerra no está del todo probada, pues regularmente aparecen estudios que refutan esta mala prensa. Ejemplo de ello son dos recientes artículos que cuestionan la restricción de su consumo en pro de reducir la tensión arterial y así disminuir también el riesgo cardiovascular. El primero se publicó el pasado mayo en la revista 'The Journal of American Medical Association' (JAMA). Se hacía eco de un trabajo liderado por Jan Staessen, de la Universidad de Leuven (Bélgica), cuyas conclusiones principales fueron que con el tiempo el consumo elevado de sal produce un efecto pequeño sobre la tensión arterial sistólica, pero no en la diastólica. El segundo hallazgo fue que los pequeños cambios en la presión arterial que vemos con el cambio de la ingesta no se traducen en una mayor incidencia de hipertensión. Y la tercera conclusión, era que el consumo bajo de sal se asocia con mayor mortalidad cardiovascular". En el otro artículo, firmado por Rod Taylor, de la Universidad Exeter (Reino Unido), en la revista 'American Journal of Hypertension', se analizaron siete estudios que concluían que no había “pruebas sólidas que demuestren que la ingesta reducida de sal disminuya los ataques al corazón o los infartos cerebrales". En cualquier caso, Mario Ávila, cardiólogo especializado en hipertensión del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, recuerda que la cantidad aconsejada "es de 3,6 gramos diarios. En España, el uso está entre tres y ocho gramos al día. No se trata de dejar de tomar sal, porque dosis muy bajas pueden ser perjudiciales, si no tomarla en su justa medida".
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